EN SECO
Claro: iba a escribir algo que venía largamente rumiado: excitada la lengua rumiante por acontecimientos de reciente factura que acudieron raudos a petear en seco mis sospechas más tenebrosas y se plasmaron en rutilante escrutinio electoral; hace ya más de diez días.
Pero resulta que, claro también, el aluvión de sarasas es tal que en el fragor cotidiano de flujos que van de lo más perogrulloso hasta lo apenas atendible -cada vez más exiguo- uno acaba volcando el tiempo en la atenta lectura y discusión de cosos varios. Qué tortura el tiempo cuando no hay quien lo remunere y eso encarna en lucro cesante.
Lectura y discusión regurgitante de cosos que no solamente ratifican otro compendio de sospechas -la proporción referida: mucha falopa mal cortada; apenas alguito medianamente rico y lo excelso hay que saber buscarlo y, además, tener suerte de que exista- sino que fundamentalmente no hacen sino devolver sobre uno mismo y su eventual y dilatado aporte un reflejo de conmiseración; conmiseración, en el mejor de los casos.
Cuestión que si venís medio flojito de guardia te metés las apreciaciones donde no da el Sol y no sintetizás un carajo de lo tuyo; total otro ya hizo algo mejor, va de suyo. Aparte la procastineta no te deja a gamba nunca. Sentime: es un Siam Di Tella. Sigue andando, mirá. Te lleva: ¿qué más querés?
De modo que ahora me arrimo -creo- a la comprensión de por qué tanta sarasa en primera persona. Que inunda esta plataforma en particular. Esporas de Pizarnik copando un aire que, por lo demás, no hay.
Si total: ¿vos me vas a contar a mí cómo me siento?
Es como una caleidoscopización de pinceladas de canciones de Nirvana pasadas por la Super-Masa en la cual ensamblan toneladas de malvavisco de ese de colores fluo-pastel que hacen las delicias de propios y extraños [qué textura insultante tiene esa argamasa de la infamia, por favor].
Todo en un prisma lisérgico que proyecta un loop sobre una terraza de Colegiales un jueves a la noche. Un jueves de noviembre a la noche; pero no como este, que hace frío. No, claro: un jueves de noviembre a la noche con calorcito y ligerezas varias; democrática y jocosamente esparcidas. En una democracia del acaso; no de la participación. Boludeces no. Competencia con reglas laxas. La cosa sana.
En fin: ahí dejé en las Notes dos o tres lecturas recientes que realmente han constituido, ora estímulos, ora afluentes en base a las cuales he de fraguar mi demorado, precario y siempre rebosante de autoestima aporte a la discusión pública.
Avisen si ahí en el patio del Konex toca alguno que ampare su intervención debajo del paraguas del “no sé”. Avísenme y vamos todos. Invito yo.
Suena esto. Iba a poner otra cosa, pero ahora suena esto.
Del disco del año:


